Guillermo del Toro es quizás el mejor ejemplo de un cineasta indispensable. Un “auteur” en el sentido más preciso del término, del Toro se ha forjado para sí mismo un espacio tan particular, único y propio, que su mera intervención en un filme puede llegar a constituir TODA la diferencia que existe entre una película que hay que ver y algo olvidable. Está claro que es un director que ha demostrado ser capaz de construir maravillas a partir de su propia imaginación e impulso creativo (piensen en el LABERINTO DEL FAUNO o el ESPINAZO DEL DIABLO). Pero, es mi impresión que él está realmente en su elemento cuando toma control de premisas de otra forma básicas o genéricas, sólo para saturarlas con su estética y talento singular, hasta convertirlas en algo similar a obras de arte. Si no me creen, vayan a ver PACIFIC RIM (ciertamente, uno de sus filmes de menor prestigio) y consideren cómo tomó lo que era la premisa más blanda posible de película “basada en animé”, y lo convirtió en uno de los filmes de acción más memorables de los últimos años.

THE SHAPE OF WATER es un buen ejemplo de esto. Básicamente, es algo parecido a una secuela hipotética, extraoficial, cruenta y para adultos del MONSTRUO DE LA LAGUNA NEGRA. Una mujer humana que trabaja en una instalación secreta del gobierno se enamora (de forma nada ambigua, sexualmente explícita y definitivamente consumada) de una criatura híbrida entre un ser humano y un pez. Esto sucede en el contexto de la socialmente opresiva década de los cincuenta en Estados Unidos, con todo y su racismo, sexismo y homofobia omnipresentes, así como el ambiente de constante paranoia anticomunista.

Desde donde lo veo, esa no es una mala premisa para una sórdida y divertida “película B”, tal y como las que Troma, Canon o Corman hubiesen producido de haber contado con un buen disfraz de pez, y justo después de que LA MOSCA se convirtiera en un éxito a mediados de los ochenta. Ustedes saben a qué me refiero: esas películas que nos hubiese fascinado cuando niños, que hubiésemos sobrevalorado como adolescentes y luego reconocido que no son tan buenas como pensábamos cuando adultos. Pero, bajo la mano hábil de del Toro, THE SHAPE OF WATER se nos presenta como un relato inolvidable, hermoso, desgarrador e intensamente entretenido; esto, al tiempo que sigue siendo absolutamente familiar, sensacionalista y un tanto pasado de tono.

Sally Hawkins tiene el rol principal (desempeñándolo admirablemente) interpretando a una conserje muda que termina desarrollando una fuerte atracción por Doug Jones, quien interpreta al “hombre anfibio”. Michael Shannon es el principal antagonista: un lacayo gubernamental psicótico, abusivo y que busca a convertirse en el “macho alfa” de la organización, y a quien le encomiendan torturar al “hombre anfibio” con el objetivo de… ehhh… la verdad es que queda claro cuál es su motivación…

En fin, la cosa es que esto eventualmente motiva al personaje de Hawkins a montar un plan de escape para el “hombre anfibio”, con apoyo de sus igualmente marginalizados compañeros de trabajo. La mayoría del primer y segundo acto explican la habilidad de Hawkins y su mejor amiga (Octavia Spencer) de moverse por las instalaciones gubernamentales sin ser detectados, debido a que los estirados hombres blancos a cargo no consideran importante prestar atención a “los de la limpieza” (porque… ¡moraleja!). Richard Jenkins es un viejo artista gay que vive en el edificio de Hawkins y que se solidariza con el romance socialmente marginalizado de su amiga, y el elenco también incluye al siempre excelente Michael Stuhlbarg, aunque abordar su rol en el filme con detalle sería revelar la trama.

Si bien el filme construye un género propio, empleando una combinación entre horror barato y cine-arte romántico, la premisa es bastante familiar. En efecto, THE SHAPE OF WATER es una de esas películas en las que uno se sorprendería si los héroes no terminan haciendo amistad alrededor del cariño común por las películas clásicas, o si no se infiriera que el personaje de Shannon se comporta como lo hace por ser una persona emocionalmente atrofiada que usa la violencia como mecanismo para esconder sus propias inseguridades.

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Crédito de fotografía: Fox Searchlight Pictures

Sin embargo, lo que importa no es lo esperable de la trama, sino que las particularidades de la ejecución. Incluso si uno ya sabe donde va a terminar todo, la ruta que se toma aquí es fascinante y memorable. En especial, me gusto cómo es que se logra hacer a la criatura creíble como la contraparte romántica del filme, sin minimizar el hecho de que también es, en ausencia de una mejor palabra, un monstruo bastante atemorizante. O consideren al personaje de Hawkins, quien se nos presenta de forma muy convincente como alguien decente y vulnerable, pero que a la vez cuenta con la confianza necesaria para que la audiencia no llegue a sospechar sobre su genuina atracción sexual y cariño hacia el “hombre anfibio”.

THE SHAPE OF WATER dice muchísimo del calibre de del Toro como cineasta. Si bien se trata de un filme que se ubicaría a la “mitad de la lista” comparándolo con el resto de su filmografía, también es uno de los más interesantes y únicos del 2017. Opino que es un antídoto muy refrescante respecto a la cartelera que típicamente tenemos en enero y febrero, generalmente compuesta de filmes de acción de baja calidad y la nómina (a menudo genérica) de contendientes para la temporada de premiaciones. Totalmente recomendada…

9/10 – EXCELENTE

DIRECTOR: Guillermo del Toro. GUION: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor. FOTOGRAFÍA: Dan Laustsen. ELENCO: Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Doug Jones, Michael Stuhlbarg y Octavia Spencer. DURACIÓN: 123 minutos.